La burocracia y las restricciones migratorias limitan el uso del segundo puente entre Paraguay y Brasil, que fue construido para facilitar el tránsito fronterizo y descongestionar el Puente de la Amistad.
A un mes del inicio de una nueva fase de apertura gradual del Puente de la Integración, el tránsito de vehículos particulares continúa siendo mínimo. Durante este periodo, apenas 48 automóviles utilizaron la infraestructura internacional: 20 salieron de Brasil con destino a Paraguay y otros 28 ingresaron a Foz de Yguazú desde territorio paraguayo.
En ambos sentidos se contabilizaron 57 pasajeros, una cifra que refleja las dificultades para aprovechar plenamente una obra concebida como una alternativa estratégica para mejorar la conexión entre ambos países.
La nueva etapa de habilitación permite el paso de vehículos particulares cuyos ocupantes cumplan con los requisitos establecidos para los residentes fronterizos de Ciudad del Este, Presidente Franco, Hernandarias y Foz de Yguazú. Sin embargo, los trámites exigidos y las restricciones vigentes dificultan el acceso a este régimen.
Trámites y costos que desalientan el uso
Para cruzar el puente, tanto los conductores como sus acompañantes deben contar con el Documento de Tránsito Vecinal Fronterizo (DTVF), que acredita la residencia en la zona fronteriza. En el caso de los ciudadanos brasileños, el documento es expedido por la Dirección Nacional de Migraciones de Paraguay, mientras que para los paraguayos el trámite corresponde a la Policía Federal de Brasil.
La gestión tiene un costo de G. 74.929 y requiere la presentación de varios documentos, entre ellos certificados de vida y residencia, además de antecedentes policiales y judiciales.
Estas exigencias burocráticas representan un obstáculo para quienes buscan utilizar el segundo paso internacional como una alternativa más ágil para trasladarse entre las ciudades fronterizas.
Miles de residentes quedan excluidos
Uno de los sectores afectados está compuesto por ciudadanos brasileños que residen en Paraguay. En Ciudad del Este, Presidente Franco y Hernandarias viven más de 20.000 brasileños, en su mayoría estudiantes de Medicina, que no pueden acogerse al régimen de tránsito vecinal por contar con documentación migratoria expedida en Paraguay.
Una situación similar afecta a paraguayos radicados en Foz de Yguazú, quienes también enfrentan limitaciones para acceder a esta modalidad de circulación.
La situación evidencia las dificultades para establecer un mecanismo que responda a la realidad de las comunidades fronterizas, caracterizadas por el constante movimiento de personas entre ambos países.
Una obra estratégica con circulación limitada
El Puente de la Integración fue construido como una segunda conexión internacional entre Paraguay y Brasil, con la finalidad de contribuir a descongestionar el Puente de la Amistad y facilitar el intercambio fronterizo.
No obstante, su utilización continúa condicionada por las etapas de habilitación y los requisitos establecidos para cada tipo de tránsito. El escaso movimiento registrado durante el primer mes de esta nueva fase vuelve a poner en discusión la necesidad de revisar los procedimientos para facilitar el uso de la infraestructura.
Mientras persistan las restricciones y las dificultades burocráticas, el segundo puente internacional seguirá lejos de alcanzar el potencial previsto como alternativa para la circulación entre Paraguay y Brasil.














