A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda vuelve a fortalecer su presencia en Afganistán, donde la organización terrorista y algunas de sus ramificaciones mantienen centros de entrenamiento, casas seguras y redes de apoyo, según funcionarios de inteligencia occidentales y organismos de Naciones Unidas citados por The Washington Post.
El escenario actual presenta diferencias importantes respecto del que precedió a los atentados contra Estados Unidos, pero la recuperación de infraestructura y capacidad operativa del grupo genera preocupación entre especialistas en contraterrorismo.
Según información de Naciones Unidas citada por el diario estadounidense, Al Qaeda estableció al menos ocho centros de entrenamiento en Afganistán en los últimos años. Informes anteriores de la ONU ya habían identificado instalaciones en las provincias de Ghazni, Laghman, Parwan y Uruzgan, además de casas seguras en otras regiones y un depósito de armas en el valle de Panjshir.
Un escenario diferente al de 2001
Los expertos consultados por The Washington Post advierten que la situación no reproduce exactamente el contexto existente antes del 11-S.
Actualmente, Al Qaeda parece concentrarse principalmente en conflictos regionales y en el fortalecimiento de organizaciones aliadas, en lugar de preparar una operación de gran escala contra Estados Unidos o sus principales aliados.
La organización también tendría una estructura mucho más reducida. Colin Smith, integrante del equipo de Naciones Unidas encargado de monitorear la amenaza terrorista, estimó que el núcleo de Al Qaeda estaría integrado por alrededor de un centenar de miembros o menos.
En este nuevo esquema, Al Qaeda habría adoptado en buena medida un papel de apoyo y asesoramiento para otros grupos, proporcionando entrenamiento y conocimientos sobre operaciones clandestinas y seguridad de la información.
Uno de los principales beneficiarios sería Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), organización que combate al Gobierno de Pakistán y que mantiene miles de combatientes en territorio afgano. Informes de Naciones Unidas señalaron anteriormente que integrantes de Al Qaeda han participado en el entrenamiento de miembros del TTP, incluidos cursos para atacantes suicidas.
Entrenamiento con nuevas tecnologías
Las actividades detectadas en los nuevos centros incluyen entrenamiento en armas, explosivos y tácticas de guerrilla, capacidades que ya eran características de los campamentos de Al Qaeda en la década de 1990.
Sin embargo, según los funcionarios citados por The Washington Post, también existen indicios de preparación en áreas tecnológicas que no tenían relevancia durante el período previo al 11-S, como el uso de drones, sistemas de cifrado e inteligencia artificial.
Este cambio refleja la adaptación de las organizaciones extremistas a un entorno en el que la vigilancia electrónica, las operaciones de inteligencia y los controles internacionales dificultan la movilidad de combatientes y dirigentes.
El Estado Islámico también busca espacio
Al Qaeda no es la única organización extremista que intenta consolidarse en Afganistán.
El Estado Islámico-Khorasan, conocido como ISIS-K, mantiene una presencia significativa y es considerado uno de los principales rivales de Al Qaeda dentro del movimiento yihadista.
De acuerdo con funcionarios e informes internacionales citados por The Washington Post, ISIS-K habría reunido alrededor de 2.000 integrantes y utiliza principalmente el norte de Afganistán como base para entrenamiento y planificación de operaciones dirigidas hacia otros países de Asia Central.
Aunque ambos grupos comparten una ideología extremista, Al Qaeda y el Estado Islámico mantienen una fuerte rivalidad y compiten por influencia, reclutas y liderazgo dentro del movimiento yihadista.
El papel de los talibanes
La recuperación de Al Qaeda se produce después del retorno de los talibanes al poder en Afganistán en agosto de 2021 y de la retirada de las fuerzas estadounidenses.
Informes de Naciones Unidas han señalado que los talibanes han limitado algunas actividades de Al Qaeda, pero también que la organización mantiene libertad de movimiento y vínculos con diferentes grupos presentes en el país. Un informe de 2024 describió la relación entre ambas organizaciones como estrecha y señaló que Al Qaeda estaba desarrollando esfuerzos de reorganización.
La presencia de Ayman al-Zawahiri en Kabul, donde murió en un ataque estadounidense con drones en 2022, fue una de las evidencias más importantes de que dirigentes de Al Qaeda seguían encontrando refugio en Afganistán después del regreso de los talibanes.
Actualmente, Saif al-Adel es considerado el líder de Al Qaeda, aunque se cree que permanece oculto en Irán.
La sombra del 11-S
La preocupación actual está inevitablemente vinculada con la historia de Afganistán como centro de operaciones de Al Qaeda.
En la década de 1990, los campamentos instalados en territorio afgano permitieron entrenar a miles de combatientes extranjeros. Allí también se desarrollaron elementos fundamentales de la planificación que desembocaría en los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La diferencia fundamental ahora es la escala. Al Qaeda ya no dispone de la estructura y la capacidad internacional que tenía bajo el liderazgo de Osama bin Laden. Además, los controles de seguridad implementados después del 11-S dificultan considerablemente el traslado de grandes cantidades de combatientes hacia Afganistán.
Por ese motivo, los grupos extremistas han recurrido cada vez más al reclutamiento y la radicalización a través de internet, alentando a simpatizantes que ya se encuentran en países occidentales a realizar ataques individuales.
Una amenaza que vuelve a generar preocupación
La reconstrucción de campamentos no significa que Al Qaeda esté preparando un nuevo ataque de la magnitud del 11-S. Los propios expertos citados por The Washington Post consideran que la organización enfrenta limitaciones importantes y que actualmente prioriza objetivos regionales.
Sin embargo, la recuperación de infraestructura, la cooperación con organizaciones armadas y la incorporación de nuevas tecnologías muestran que el grupo conserva capacidad de adaptación.
Para los organismos internacionales, el principal riesgo consiste en que Afganistán vuelva a convertirse progresivamente en un espacio de entrenamiento, coordinación y refugio para organizaciones terroristas.
A un cuarto de siglo de los atentados que cambiaron la política internacional de seguridad, la presencia renovada de Al Qaeda en Afganistán demuestra que, aunque la organización ya no tenga el mismo poder que en 2001, su estructura y su ideología no han desaparecido.












