El 18 de junio se conmemoró el Día del Orgullo Autista, una fecha impulsada por personas dentro del espectro autista con el objetivo de visibilizar su realidad, promover la aceptación y reducir los estigmas aún presentes en la sociedad.
La Lic. Mónica Ibarra, directora del CIP, explicó que esta jornada se diferencia del 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, ya que surge directamente de la comunidad autista como una forma de reivindicación de identidad y derechos.
“El autismo no es una enfermedad, es una condición. La persona nace dentro del espectro autista y la acompaña durante toda su vida”, señaló la profesional.
En ese sentido, aclaró que las intervenciones terapéuticas no buscan una “cura”, sino mejorar la calidad de vida de la persona y su entorno, fortaleciendo herramientas de comunicación, autonomía y adaptación.
La especialista advirtió sobre la circulación de información errónea en redes sociales, donde en algunos casos se promocionan supuestas “curas milagrosas”. Subrayó que el autismo no tiene cura, ya que no se trata de una enfermedad.
Asimismo, indicó que en determinados casos, especialmente en personas con mayor nivel de autonomía, puede generarse la falsa percepción de una “curación”, cuando en realidad se trata de procesos de adaptación y desarrollo de habilidades.
Otro aspecto señalado fue el subdiagnóstico en niñas, adolescentes y mujeres dentro del espectro autista. Según explicó, los criterios de evaluación históricamente estuvieron más orientados a manifestaciones observadas en varones, lo que ha derivado en diagnósticos tardíos o erróneos en mujeres adultas.
Actualmente, indicó, se están desarrollando investigaciones para mejorar la detección y comprender mejor estas diferencias.
La detección precoz fue uno de los puntos centrales. La especialista afirmó que ya desde los seis meses pueden observarse señales de alerta, como la falta de respuesta a estímulos sociales o la ausencia de comunicación intencional.
No obstante, remarcó que el diagnóstico debe realizarse de forma cuidadosa y progresiva, evitando etiquetar de manera prematura a los niños.
En cuanto a la inclusión escolar, advirtió que no todos los niños dentro del espectro pueden adaptarse a un aula tradicional sin apoyos específicos.
También señaló que muchos docentes enfrentan aulas con alta carga de estudiantes y múltiples necesidades, lo que evidencia la importancia de fortalecer el sistema educativo con mayor inversión y apoyo especializado.
Finalmente, destacó la necesidad de un enfoque multidisciplinario que incluya terapias del lenguaje, ocupacionales, psicológicas y acompañamiento familiar, especialmente en contextos donde el acceso a tratamientos es limitado.














