El uso descontrolado de fármacos para la pérdida de peso —principalmente análogos de GLP-1, diseñados originalmente para diabetes— genera alarma en el Hospital General de Itapúa. El Dr. Martínez describió un escenario de automedicación masiva, impulsado por la búsqueda de resultados rápidos y el consumo de estereotipos en redes sociales.
“Hoy una persona se va a una farmacia sin haber consultado con nadie… y el farmacéutico le enseña cómo usar”, relató. El costo mensual ronda los 600.000 guaraníes, lo que lleva a personas de ingresos bajos a sacrificar otras necesidades básicas.
Los efectos adversos ya se observan en la práctica hospitalaria: atrofia muscular, barro biliar, cálculos en la vesícula y pancreatitis, esta última con alta mortalidad. Además, el uso combinado con anabólicos (esteroides), alcohol y drogas recreativas configura lo que el director denominó “una tormenta perfecta”.
Los anabólicos, buscados para acelerar la hipertrofia muscular, producen crecimiento no controlado del músculo cardíaco y pueden derivar en muerte súbita. Martínez reclamó medidas similares a las aplicadas en el pasado con los antibióticos: receta controlada y restricción de la venta libre.
Recomendó que cualquier persona que contemple su uso consulte primero con un médico clínico, de familia, nutricionista, endocrinólogo o internista, realice estudios previos de hígado, tiroides y páncreas, y acompañe el tratamiento con actividad física supervisada. Advirtió que odontólogos u otros profesionales sin formación específica no están habilitados para prescribirlos.












