China y Estados Unidos avanzan en un diálogo sobre la seguridad y los riesgos asociados al desarrollo de la inteligencia artificial (IA), aunque la iniciativa se desarrolla en paralelo a la competencia tecnológica que mantienen ambas potencias.
El tema cobró relevancia en el marco de la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Washington, en un momento de acelerado desarrollo de sistemas de IA y creciente preocupación por la capacidad de controlar sus posibles usos y riesgos.
Durante conversaciones mantenidas el domingo en Nueva York, el viceprimer ministro chino, He Lifeng, y el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, abordaron cuestiones relacionadas con la inteligencia artificial. Según la agencia estatal china Xinhua, ambas partes acordaron mantener el contacto sobre este asunto.
Uno de los planteamientos de Washington consiste en establecer un mecanismo para notificar incidentes graves relacionados con sistemas avanzados de IA. La propuesta permitiría informar a la otra parte sobre determinados episodios y reducir el riesgo de que un incidente tecnológico sea interpretado como una acción deliberada.
Hasta el momento, China no confirmó públicamente la aceptación de ese mecanismo ni se conocen detalles sobre su eventual funcionamiento.
Bessent calificó las conversaciones como “muy exitosas” y sostuvo que los contactos continuarán con el objetivo de evitar amenazas asociadas al desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial.
Seguridad y control
La seguridad de los sistemas de IA se convirtió en uno de los nuevos puntos de diálogo entre Washington y Pekín debido a las capacidades cada vez mayores de los modelos desarrollados por empresas tecnológicas.
En Estados Unidos, responsables de compañías como Anthropic, OpenAI, xAI y Google DeepMind han planteado la necesidad de reforzar las medidas de seguridad y las salvaguardas para acompañar el rápido avance de esta tecnología.
Entre las propuestas analizadas figuran estándares comunes de seguridad, mecanismos de coordinación entre empresas y medidas destinadas a reducir determinados riesgos asociados a sistemas cada vez más autónomos.
El Gobierno estadounidense también anunció la creación de una “Fuerza de IA” y la designación de un responsable específico para abordar posibles malas prácticas en el sector.
Competencia por el liderazgo tecnológico
El diálogo sobre seguridad ocurre mientras Estados Unidos y China mantienen una fuerte competencia por el liderazgo en inteligencia artificial.
Washington continúa restringiendo el acceso chino a determinados semiconductores y tecnologías avanzadas, medidas que buscan limitar la capacidad de Pekín para desarrollar sistemas de IA de mayor potencia.
China, por su parte, cuestiona que las medidas de seguridad puedan convertirse en una herramienta para consolidar la ventaja tecnológica estadounidense.
Un comentario difundido por Xinhua calificó de “injusta y poco realista” una eventual pausa global en el desarrollo de la IA mientras Estados Unidos mantenga una posición de ventaja en capacidad de cálculo y algoritmos.
En este contexto, analistas citados por medios especializados plantean que la cooperación entre ambas potencias no necesariamente requiere confianza estratégica, sino mecanismos concretos que permitan reducir riesgos y aumentar la previsibilidad ante posibles incidentes.
Un canal todavía en construcción
China y Estados Unidos ya habían acordado establecer un canal intergubernamental sobre inteligencia artificial durante la visita de Donald Trump a China en mayo. Sin embargo, las conversaciones avanzaron lentamente desde entonces.
La actual visita de Xi Jinping a Washington podría servir para determinar si Pekín acepta avanzar desde el diálogo general hacia mecanismos concretos de cooperación, como el sistema de notificación de incidentes.
Mientras tanto, la Casa Blanca mantiene su apuesta por acelerar el desarrollo de la IA. Trump afirmó antes de la llegada de Xi que Estados Unidos lleva la delantera frente a China y aseguró que no pretende frenar el crecimiento de una tecnología que, según sostuvo, tendrá un impacto mayor que el de la Revolución Industrial o Internet.
La situación refleja así una doble dinámica: por un lado, Washington y Pekín buscan establecer canales de comunicación para reducir los riesgos asociados a la inteligencia artificial; por otro, ambas potencias mantienen abierta la competencia por el liderazgo tecnológico, el acceso a semiconductores y la capacidad de desarrollar los modelos más avanzados.












