En pleno semiárido brasileño, el Parque Nacional Serra da Capivara se erige como uno de los enclaves arqueológicos más sorprendentes de América. Sus pinturas rupestres, con una antigüedad que podría alcanzar los 25.000 años, desafían las teorías tradicionales sobre el poblamiento del continente y convierten a esta región del sur de Piauí en un punto clave para la investigación científica y el desarrollo local.
Ubicado en una zona históricamente alejada de los circuitos turísticos, el parque concentra una de las mayores colecciones de arte rupestre del mundo. Entre cañones, mesetas y formaciones rocosas de tonos rojizos, la vegetación de caatinga resiste las duras condiciones climáticas y enmarca miles de sitios arqueológicos distribuidos en unas 130.000 hectáreas.





Declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1991, Serra da Capivara alberga más de 1.300 sitios con arte rupestre registrados oficialmente y más de un millar de paneles con pinturas y grabados. En ellos se representan escenas de caza, danzas, rituales, actividades cotidianas y figuras antropomorfas con tocados y adornos, además de motivos geométricos y abstractos cuya interpretación aún genera debate entre especialistas.
Las investigaciones desarrolladas desde la década de 1970 revelaron restos de fogones, herramientas líticas, pigmentos y huesos quemados que, según diversos métodos de datación, indicarían una ocupación humana mucho más antigua de lo que proponía el modelo “Clovis first”, que situaba la llegada de los primeros pobladores hace unos 13.000 años. Sitios emblemáticos como el Boqueirão da Pedra Furada han aportado fechas que oscilan entre los 9.000 y los 25.000 años, lo que ha provocado intensas discusiones en la comunidad científica internacional.
Más allá de la controversia académica, el parque se consolidó como un verdadero museo a cielo abierto. Muchos de sus conjuntos pueden visitarse mediante circuitos guiados que recorren abrigos y aleros rocosos cubiertos de pinturas en tonos ocres, rojos y amarillos, integrados a un paisaje de gran impacto visual.
La creación del parque en 1979 y su posterior reconocimiento internacional impulsaron un lento proceso de transformación turística en el sur de Piauí. La ciudad de São Raimundo Nonato, a unos 25 kilómetros de la entrada principal, funciona hoy como base para los visitantes y concentra servicios de alojamiento, gastronomía y guías especializados. En las cercanías también se destaca el Museu do Homem Americano, que contextualiza las investigaciones realizadas en la región.
Para recorrer Serra da Capivara es obligatorio hacerlo con guías acreditados, una medida orientada a la preservación del patrimonio. Debido al clima semiárido y las altas temperaturas, se recomienda visitar el parque en horas tempranas o al atardecer, llevar abundante agua, protección solar y calzado adecuado.
Lejos del turismo masivo, Serra da Capivara ofrece una experiencia única: un viaje al pasado más remoto de América, donde el paisaje y el arte rupestre dialogan para revelar una historia aún en construcción.

Fuente: ABC














