ADICCIONES EN PARAGUAY: LA LUCHA POR LA RECUPERACIÓN Y EL PAPEL CLAVE DE LAS FAMILIAS

Las adicciones continúan representando uno de los desafíos más complejos para la sociedad paraguaya, no solo por las consecuencias físicas y psicológicas que generan en quienes consumen sustancias, sino también por el impacto que tienen en las familias. Este tema fue abordado en el programa “Durísimo, prohibido prohibir”, donde se analizó el proceso de recuperación, el rol de los centros de rehabilitación y la importancia del acompañamiento profesional y familiar.

Durante la entrevista se destacó el papel que cumplen las instituciones vinculadas a iglesias cristianas en el tratamiento de las adicciones. Según lo señalado durante el programa, una importante cantidad de centros de rehabilitación del país tiene algún tipo de orientación o respaldo cristiano, ya sea católico o evangélico. Entre los ejemplos mencionados se encuentran centros de Encarnación y Ciudad del Este que trabajan con personas que buscan superar el consumo problemático de sustancias.

Uno de los puntos centrales fue el proceso de desintoxicación. El Centro Nacional de Control de Adicciones (CEN) del Ministerio de Salud Pública cuenta con un proceso de internación destinado a la desintoxicación, que puede extenderse por 21 días. Sin embargo, se explicó que este período constituye solamente una primera etapa, ya que la recuperación integral puede requerir varios meses y, en determinados casos, alrededor de un año de tratamiento, ya sea mediante internación o atención ambulatoria.

La desintoxicación permite abordar inicialmente los efectos físicos derivados de la interrupción del consumo, pero posteriormente resulta fundamental trabajar sobre la salud mental, los hábitos y las causas que llevaron a la persona a desarrollar una dependencia. Por este motivo, los especialistas insisten en que dejar de consumir no significa necesariamente haber completado el proceso de recuperación.

Durante la conversación también se habló sobre la marihuana y se cuestionó la percepción de que se trata de una sustancia sin consecuencias importantes. Los participantes señalaron que sus efectos pueden variar según la persona y que el consumo problemático puede generar dificultades cognitivas y otros problemas de salud mental. En este punto, resulta fundamental diferenciar las afirmaciones realizadas durante el programa de la evidencia científica disponible, ya que los efectos y riesgos de las distintas sustancias dependen de múltiples factores, como la dosis, frecuencia de consumo, edad, predisposición individual y combinación con otras sustancias.

Otro aspecto abordado fue la situación de las personas que consumen cocaína, crack, alcohol y otras sustancias. Se remarcó que los procesos de abstinencia pueden ser complejos y que cada organismo responde de manera diferente. Asimismo, se destacó que el alcohol también puede generar una dependencia severa y consecuencias graves para la salud, por lo que no debe ser considerado una sustancia de menor riesgo simplemente por su legalidad.

El programa también puso sobre la mesa las dificultades existentes en torno a la aplicación de las leyes relacionadas con el consumo y la venta de sustancias. Se mencionaron las restricciones para la venta de bebidas alcohólicas a menores y la necesidad de fortalecer los mecanismos de control y cumplimiento de las normativas vigentes.

Más allá de las sustancias, uno de los mensajes centrales de la entrevista fue la importancia de que las familias estén atentas a los cambios de conducta. Los entrevistados señalaron que una persona con problemas de consumo puede ocultar durante mucho tiempo su situación, haciendo que incluso familiares cercanos no adviertan inmediatamente lo que está ocurriendo.

Por ello, la detección temprana y la búsqueda de ayuda profesional pueden marcar una diferencia importante. La recuperación no depende únicamente de la voluntad individual: requiere acompañamiento, tratamiento adecuado, contención familiar y, cuando corresponde, atención especializada en salud mental.

Finalmente, el debate destacó que existen diferentes caminos para enfrentar las adicciones, desde los tratamientos médicos y psicológicos hasta el acompañamiento espiritual que ofrecen determinadas organizaciones religiosas. Más allá del enfoque elegido, el objetivo debe ser que la persona pueda abandonar el consumo, recuperar su bienestar y reconstruir sus vínculos familiares y sociales.

El desafío, según quedó planteado durante el programa, no termina cuando una persona deja de consumir. La prevención de recaídas y el acompañamiento posterior son componentes fundamentales de un proceso que puede ser largo, pero que también puede abrir la posibilidad de una nueva etapa de vida para quienes enfrentan una adicción.