Desde la ciudad creativa de Areguá, una historia de esfuerzo, pasión y perseverancia se refleja en cada pieza elaborada por El Barro Arte, un emprendimiento familiar dedicado a la cerámica esmaltada de alta temperatura.
El proyecto nació hace casi una década de la mano de Javier Gómez y su esposa Viviana, quienes apostaron por convertir el trabajo artesanal en una oportunidad de crecimiento. Con dedicación y creatividad, lograron posicionar sus productos personalizados como una propuesta de calidad dentro de la artesanía paraguaya.
El camino no estuvo libre de desafíos, especialmente durante la pandemia, una etapa en la que muchos emprendimientos tuvieron que adaptarse para mantenerse activos. En ese contexto, el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) se convirtió en un apoyo fundamental para fortalecer la producción y dar continuidad al proyecto familiar.
Con el respaldo financiero, El Barro Arte pudo potenciar sus herramientas de trabajo, mejorar su capacidad productiva y ampliar sus oportunidades de crecimiento, llevando sus creaciones a nuevos clientes y mercados.
“Cuando te gusta lo que hacés, deja de ser un trabajo. Te apasiona y eso se transmite”, expresó Javier Gómez, destacando que el amor por la cerámica es el motor que impulsa cada una de sus piezas.
Hoy, desde Areguá, este emprendimiento representa el valor de la artesanía paraguaya y demuestra cómo la combinación de talento, esfuerzo y acompañamiento adecuado puede transformar una idea en un verdadero sueño hecho realidad.












